Morelos vive un conflicto; desde hace algunas semanas la entidad vive en un estado de caos provocado por el conflicto que se ha generado con el magisterio por su negativa a que se suscriba en Morelos la Alianza por la Educación, principalmente impulsados por una de las cláusulas que se incluye en el citado pacto, en el cuál se prohíbe que se hereden las plazas, situación a la cuál los maestros se oponen terminantemente, aunque yo reflexiono y dejo una pregunta al aire ¿en qué otra profesión se ha visto que se hereden los puestos? No se me ocurre ninguna…
Cuernavaca estuvo sitiada el día miércoles debido a que parte de las medidas que los maestros decidieron tomar como medio de presión al gobierno local consistió en el cierre de las arterias principales así como los accesos a la ciudad en todas direcciones; nuestra ciudad vivió horas de tráfico desquiciante, caos generalizado, peleas entre automovilistas y docentes, niños sin saber por que no llegaban sus padres a recogerlos a la escuela. Me parece que el respeto a su movimiento termina debe terminar donde empieza nuestra libertad a circular en paz en una ciudad que ya de por sí tiene graves problemas de transporte.
No solo calles, los negocios, escuelas, televisoras, comercios, el Palacio de Gobierno, el centro histórico de nuestra ciudad, el Congreso han sido tomados por aquellos involucrados en este movimiento, dando la impresión de que su fin es adueñarse de todo como si fueran caciques, como si lo único que tuviera valía es su opinión y el sentir del resto de la población resultara poco menos que irrelevante; y eso bajo ninguna circunstancia puede ser permisible sin importar quien tenga la razón en el trasfondo de este movimiento, el daño colateral ha sido para nosotros… la sociedad civil.
Hablando de culpas esta no es solo de ellos si no de unos más siniestros y perversos que han permitido que este movimiento crezca al límite de un conflicto que figura en el panorama nacional como un foco rojo que inmediatamente me hace recordar al baño de sangre que hubo hace unos años en Oaxaca que tuvo un final trágico y poco digno de recordar, todo por un gobierno que no supo como mover sus piezas frente a un grupo de docentes que entraron en un estado de cerrazón en el que sólo sus peticiones eran válidas, y recordarlo me hace pensar que esto no es lo que quiero para Morelos.
¿Y el gobierno? Por último quisiera que alguien me pudiera explicar donde está la capacidad de negociación, la gestión política, el manejo en situaciones de alta tensión y todas las cualidades que nuestros gobernantes deben tener, puesto que ni Marco Adame, ni Sergio Álvarez Mata ni el resto de sus compinches han podido tener la sapiencia para encontrar el modo de penetrar en la raíz de este movimiento y solucionar PRONTO un movimiento que parece haberse convertido en un laberinto donde a pesar de las mesas de negociación que se han montado la solución parece muy lejana.
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