Un país, un pueblo unido, un grito silencioso lleno de esperanza.
Eso fue lo que vivió el país el pasado sábado 30 de Septiembre donde miles de mexicanos alrededor de la república y allende de nuestras fronteras se unieron en un llamado urgente a las autoridades responsables de velar por la seguridad para que de una vez por todas pongan un alto a la terrible ola de violencia que invade toda la república, y para recordarle a aquellos mal vivientes que tienen secuestrado al país, que México es nuestro y no lo vamos a dejar caer.
Después de los terribles casos de secuestro y homicidio que han azotado nuestro país y que han tocado las fibras más sensibles de la gente, se inicio por tercera vez en la historia reciente de la república el proyecto para realizar una mega marcha silenciosa en la cuál todos aquellos que estamos cansados de este terrible cáncer que invade al país tuvieran un espacio donde poder manifestar todo el pesar y dolor por esta terrible situación; puesto que ha sido muy evidente que la administración actual no ha podido combatir con éxito la inseguridad que abruma al país y ha sido muy evidente que los índices de inseguridad en México han aumentado exponencialmente y en un grado alarmante.
LA CONCIENCIA… ES FEMENINA
Una de las cuestiones que más llamaron mi atención en la movilización ciudadana del pasado sábado y que creo pertinente rescatar, es que las personas que acudieron en su mayoría eran mujeres acompañadas de sus hijos; esto es un claro mensaje de la creciente preocupación que hay entre el género femenino por su familia, por la seguridad de la misma, aquella mujer que no sabe si al final del día su familia seguirá unida y completa o un terrible e inesperado acto de violencia cambiará su realidad y su futuro para siempre.
En lo personal atribuyo lo anterior en complemento de lo mencionado en el párrafo anterior al deseo de generar en sus hijos una conciencia social y una responsabilidad cívica con su país, por que era claro que las madres no solo llevaban a sus hijos como compañía si no que les explicaban lo que estaba pasando, los hacían participes de este movimiento, con la esperanza de que estos niños el día de mañana logren mantener dicha conciencia y cambien la realidad de nuestro país, con esto las madres buscaron como diría Carlos Slim “no quiero dejar un mundo mejor a mis hijos si no mejores hijos al mundo”, para que ellos suplan las carencias que nosotros como sociedad hemos tenido, y resultaba muy conmovedor, ver a un pequeño niño vestido de blanco como un ángel, sostener con sus manitas esa luz en la cual todos estamos depositando la esperanza de un México mejor.
“Lo blando es más fuerte que lo duro; el agua es más fuerte que la roca; el amor es más fuerte que la violencia”. Herman Hesse.
Este es el raciocinio que imperó en el espíritu del mexicano mientras caminaba con paso firme por las calles de todos y cada uno de los estados de la república, enviando al mundo un mensaje claro de que México no solo es un país de delincuentes, hay mucho más, existe un pueblo que ha entendido sus carencias y que se ha unido para que desde las trincheras que a cada quien le corresponden se cristalice un cambio profundo en las entrañas de nuestra patria, queremos que esto termine, queremos paz, y estamos dispuestos a salir una y otra vez a emitir ese llamado de paz por que si algo bueno tiene el mexicano es un espíritu incansable y la capacidad de luchar incansablemente por lo que nos pertenece, y en este caso, hemos iniciado una cruzada interminable por recuperar nuestro país.
LA PARTE MÁS EMOTIVA
Al llegar a la plaza de armas, los sentimientos estaban a flor de piel, esa vibra que se generó, ese deseo de ser partícipes de la historia, esa hambre de cambio, el cansancio no importaba, los ojos al borde del llanto, eso era lo que abundaba en los miles de mexicanos que acudieron a la marcha contra la violencia al terminar el recorrido, sabiendo que habían iluminado México.
Nada más conmovedor que escuchar el himno nacional cantado con un sentimiento que mezclaba el dolor con la esperanza, te contagiaba y salía desde lo más profundo del corazón.
Acto seguido los gritos de “México, México México”, “Queremos paz”, “Si no pueden renuncien”; fueron el marco perfecto para romper el silencio y liberar todo el sentir que existía dentro del pecho de nuestros compatriotas, dejando en claro que ahora más que nunca la sociedad va a vigilar muy cerca las acciones de los encargados de cuidarnos en los tres niveles de gobierno; por que no volveremos a hacernos de la vista gorda o pasar inadvertidas todas las vejaciones de las que estamos siendo víctimas, por que cada vez que se comete un delito hiere a todos los mexicanos, y eso no se puede permitir, no lo vamos a permitir.
Al día siguiente, tal vez México seguía siendo el mismo, pero los mexicanos no, despertó en nosotros un espíritu nacionalista y combativo, un deseo ferviente de ver cambios y pronto, por que hemos sido tolerantes hasta límites que no se deben permitir pero ahora las cosas son diferentes, por un breve espacio nos unimos en un solo color y una vez pasado ese momento, queda sembrada la semilla y queda claro que no estamos dispuestos a permitir que ese blanco se vuelva a manchar de sangre nunca más.
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